Si bien los mercados llevan un mes aplaudiendo la reapertura progresiva de la economía, los riesgos de contagio siguen estando presentes, el consumo sigue estando bajo la mira. Mientras, la crisis se perfila como el catalizador de la selección darwiniana, sobrevivirán aquellas empresas que hayan sabido dominar la tecnología para ponerla al servicio de sus clientes.
Elaborar previsiones económicas en el contexto actual resulta presuntuoso, dado que ello implica, en parte, prever la evolución del virus. En cambio, formular previsiones bursátiles podría parecer mucho más sencillo, puesto que resulta evidente que, en este ámbito, la incertidumbre económica reviste escasa importancia, dado que el apoyo inquebrantable de los bancos centrales hace más que nunca las veces de catalizador, paracaídas y barómetro de los mercados.
“A corto plazo, estas constataciones nos obligan a capear estas fluctuaciones de los mercados con el análisis de las intervenciones de los Gobiernos como brújula y la incertidumbre económica como horizonte”, indica Didier Saint-Georges, Managing Director de Carmignac.
En el plano económico, si bien la subvención de los tipos de interés permitió evitar el peor de los desenlaces durante la crisis de 2008, apenas incitó a la inversión. En esta ocasión, la situación resulta completamente diferente. Los Gobiernos han decidido incrementar drásticamente el gasto público. El déficit presupuestario estadounidense debería representar cerca del 20 % del PBI a finales de año y el de la zona euro, el 10 %.
Todavía es demasiado pronto para valorar la eficacia de estas inversiones, canalizar el capital disponible con el fin de financiar proyectos cuya rentabilidad resulta incierta rara vez ha constituido una fórmula propicia para el crecimiento. No obstante, determinados proyectos medioambientales ambiciosos que, al asociarse de forma inteligente con el sector privado, sabrán combinar inversión responsable e idoneidad económica, constituyen tal vez la excepción a este razonamiento.
Esta conversión a la frugalidad no solo tendrá repercusiones en el plano macroeconómico, sino que conllevará que la actividad económica se oriente más que nunca hacia las soluciones de comunicación, comercio, trabajo y enseñanza más económicas, eficaces y seguras.
“Así, esta crisis se perfila como el catalizador de la temible selección darwiniana a la que asistimos desde hace ya varios años, sobrevivirán aquellas empresas que hayan sabido dominar la tecnología para ponerla al servicio de sus clientes. La rentabilidad superior de los valores tecnológicos constituye una tendencia estructural que se ha visto reforzada desde principios de año y, por ende, aún tiene recorrido en los mercados, siempre y cuando sigamos demostrando una gran selectividad”, concluye Saint-Georges.