La IA dejó de ser una tecnología experimental para convertirse en una infraestructura crítica dentro de muchos sectores. Según el informe AI Pulse Survey 2025 de PwC, el 49% de las organizaciones a nivel global ya utiliza GenAI en procesos de negocio, mientras que un 31% la aplica en funciones clave que influyen directamente en su operación.
En paralelo, la inversión en esta tecnología ha crecido de forma acelerada. De acuerdo con la consultora IDC, el gasto mundial en inteligencia artificial superó los US $235 mil millones en 2025, consolidándose como una de las principales prioridades tecnológicas para las empresas. Sin embargo, este crecimiento también ha dejado en evidencia una brecha importante entre la adopción de estas herramientas y la capacidad de las organizaciones para supervisarlas de manera adecuada.
El informe State of AI Governance 2025 de IBM revela que el 68% de las empresas reconoce que la implementación de inteligencia artificial avanza más rápido que sus mecanismos internos de control, mientras que un 57% admite no contar con políticas claras para gestionar sus riesgos.
“Muchas empresas están incorporando inteligencia artificial con foco en la eficiencia y la productividad, pero sin definir quién supervisa su funcionamiento, qué límites tiene o cómo se gestionan sus riesgos. El gobierno de la IA no es un concepto teórico, es una necesidad concreta para evitar errores, proteger la información y mantener el control de sistemas que hoy influyen directamente en el negocio”, explica Tomás Vera, Director de Zenta Group.
La falta de gobernanza puede traducirse en decisiones automatizadas incorrectas, exposición de datos sensibles o impactos reputacionales, especialmente en un contexto donde estas herramientas participan cada vez más en procesos internos y en la relación con clientes. A esto se suma un entorno regulatorio más exigente. En 2025, la Unión Europea aprobó la AI Act, considerada la primera gran ley que regula el uso de inteligencia artificial, marcando un precedente que anticipa mayores exigencias para las organizaciones a nivel global.
En este escenario, el gobierno de la IA comienza a posicionarse como un eje estratégico para las organizaciones. Más que limitar el uso de estas tecnologías, el objetivo es asegurar que su implementación sea segura, transparente y alineada con los objetivos del negocio, en un contexto donde la inteligencia artificial seguirá expandiendo su influencia en el mundo empresarial.








