Con el desarrollo de software cada vez más barato por el avance de la inteligencia artificial, el negocio financiero empieza a premiar menos a las interfaces atractivas y más a quienes controlan licencias, riesgo, cumplimiento y procesamiento local de pagos. En América Latina, donde el e-commerce sigue creciendo a doble dígito, esa discusión ya impacta en ingresos concretos.
La industria fintech construyó buena parte de su narrativa sobre una premisa simple: ofrecer una experiencia mejor que la de la banca tradicional, pero esa ecuación empezó a cambiar. La irrupción de la IA aceleró el desarrollo de producto, comprimió tiempos de programación y redujo barreras técnicas. Y, con eso, también empezó a licuar una parte del diferencial que muchas compañías creían propio.
La frase que hoy sintetiza esa nueva etapa circula con fuerza entre inversores y operadores del sector: “you can’t vibe-code a banking license”. La escribió Matt Brown, socio de Matrix, al explicar que la IA no elimina los fosos defensivos de las fintech, sino que los desplaza.
En su lectura, el valor deja de concentrarse en la superficie del producto y se mueve hacia aquello que no puede replicarse con facilidad: permisos regulatorios, capacidad de asumir riesgo, datos transaccionales propios, cumplimiento normativo y control real sobre la infraestructura que mueve el dinero.
Ese cambio de eje coincide con una etapa de mayor madurez del negocio. KPMG reportó que la inversión global en fintech rebotó en 2025 hasta los US$ 116.000 millones, luego de tres años de caída. El World Economic Forum señaló que 80% de las firmas del sector ya implementa inteligencia artificial en múltiples áreas, con mejoras reportadas de 83% en experiencia del cliente y recortes de costos del 75%.
Y BCG, junto con QED, sostuvo que los ingresos fintech crecieron 21% en 2024, contra 6% en servicios financieros tradicionales. La conclusión es menos marketinera y más incómoda: la IA no destruye el negocio fintech, pero sí obliga a redefinir dónde está el verdadero activo estratégico.
En América Latina, esa discusión adquiere un peso todavía mayor. La región volverá a liderar en 2025 el crecimiento del retail e-commerce global, con un avance de 12,2% y ventas por US$ 191.250 millones, según eMarketer. El problema es que vender más no garantiza cobrar mejor.
Para cualquier empresa internacional que quiera expandirse en mercados como Argentina, Brasil o México, el cuello de botella muchas veces no aparece en la demanda ni en el producto, sino en el momento del pago: adquirencia, medios locales, cuotas, billeteras, validación y conciliación. La oportunidad comercial existe; la dificultad está en la infraestructura para capturarla.
La tesis empresarial es que, en este contexto, la localización financiera deja de ser un accesorio y pasa a ser parte del core del negocio. Según el material base, la compañía opera con entidad legal y conectividad con adquirentes locales, y asegura que una sola integración permite a un comercio procesar como local en varios mercados. También afirma haber desarrollado tecnología propia para tokenización y control de producto, con la idea de no depender de esquemas de marca blanca. “Construimos nuestro propio stack. Eso nos da control total sobre el producto y sobre un roadmap de soluciones regionales que los modelos de marca blanca no pueden ofrecer”, afirma Candia en el documento.







