Durante el último G20, que tuvo sede en Argentina, Economía Digital, fue uno de los temas centrales puesto en debate por las potencias que manejan el mundo (Estados Unidos, China, Francia, Inglaterra, Alemania, entre otros). Lo cierto es que América Latina viene un tanto rezagada en este aspecto, según el último ranking IMD World Digital Competitiveness (WDCR), Argentina ya se encuentra entre los cinco países con menor competitividad digital del mundo. De 63 países, cayó al puesto 59. México y Colombia fueron las únicas economías que avanzaron en 2019.
“Un concepto que se encuentra en pleno auge y que se basa en proporcionarnos de manera eficiente nuevos bienes y servicios al alcance de un clic. Debido a la gran cobertura de internet, la globalización representa sin duda una característica importante de esta nueva economía, ya que las transacciones y el comercio suceden a mayor velocidad y alcance”, explica Javier Minsky, CEO de Virtualmind.
“Nuestra región tiene problemas de recursos para apoyar el talento y el desarrollo tecnológico, esto impide que la mayoría de las economías de Latinoamérica mejoren la generación de conocimiento y aprovechen al máximo la transformación digital. Los profesionales que hay tienen un alto grado de conocimiento y demostrables capacidades, pero no son suficientes, ya que de acuerdo al último estudio de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), el sector registró más de 6.000 nuevos puestos de trabajo durante 2019, y quedaron más de 7.000 vacantes por cubrir”, agrega Minsky.
Según la Organización Mundial del Comercio, los servicios que incluye a las TIC, en al año 2019 involucraron exportaciones por 606.500 millones de dólares, 15% más que el año anterior y casi el doble que una década antes. Por su parte, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) acaba de publicar la primera edición del Informe sobre la Economía Digital 2019, donde entre otras cosas, se afirma que el tráfico mundial en los protocolos de Internet (IP), indicador de los flujos de datos, ha aumentado exponencialmente.
En 1992, las redes de Internet transportaban 100 GB al día, en 2017, ese tráfico era de más de 45.000 GB por segundo. Con relación a este punto, el mundo solo se encuentra en los albores de la economía basada en datos; se prevé que para 2022 el tráfico IP mundial alcance los 150.700 GB por segundo. Esa explosión del tráfico de datos es resultado del aumento del número de personas que utilizan Internet y de la adopción de tecnologías de vanguardia como las cadenas de bloques, el análisis de datos, la inteligencia artificial, la impresión en 3D, el Internet de las cosas, la automatización, la robótica y el cloud computing.
La tecnología llegó para quedarse, casi como un bien de primera necesidad, irrumpiendo en todos los ámbitos de la vida del ser humano. Es por ello, que se reconoce a la digitalización como un motor cada vez más importante del crecimiento económico global. El futuro de la economía digital y su expansión dependerá de la toma de conciencia por parte de todos los actores involucrados, tanto del ámbito público como privado.
Para alcanzar una economía digital pujante, se tienen que conjugar una serie de requisitos, una infraestructura digital eficaz y de calidad, un entorno que respalde la innovación, los marcos reglamentarios adecuados, la promoción del flujo libre de la información, las ideas y el conocimiento.