La imagen del adulto mayor alejado de la tecnología resulta cada vez menos representativa. Hoy, buena parte de la generación Silver usa celulares, compra, viaja, administra sus finanzas y contrata servicios a través de canales digitales. Sin embargo, estar conectado no siempre significa poder resolver sin ayuda. Esa diferencia, que todavía pasa inadvertida para muchas compañías, empieza a definir cuánto consume este público, qué marcas elige y qué experiencias decide abandonar.
El cambio tiene un peso demográfico difícil de ignorar. En América Latina y el Caribe, las personas de 60 años o más superaban los 98 millones en 2025 y representaban el 14,7% de la población regional, según datos de la CEPAL. Para 2050 se estima que serán alrededor de 183 millones: una de cada cuatro personas. Ya no se trata, entonces, de prepararse para un mercado futuro, sino de comprender a consumidores que actualmente forman una parte creciente de la demanda.
El impacto también puede medirse en dinero. La denominada economía plateada alcanzó un valor global estimado de US$ 3,25 billones en 2026 y podría llegar a US$ 6,24 billones en 2035. Cada dificultad que queda sin resolver tiene una consecuencia comercial concreta: operaciones que no se realizan, productos que no se contratan y vínculos con las marcas que se debilitan.
La consultora propone, por eso, observar cuatro instancias diferentes: tener acceso, usar la herramienta, resolver de manera autónoma y confiar. En la Argentina, el 86,4% de las personas de 60 años o más ya utilizaba tecnología en 2023, frente al 65,7% registrado en 2016, según datos del INDEC incluidos en el informe. Pero esos indicadores no revelan si pueden completar una operación sin asistencia ni si se sienten lo suficientemente seguras como para hacerla.
Para las empresas, el desafío consiste en dejar de interpretar la falta de uso como falta de interés. “La generación Silver ya no puede pensarse solo como un desafío de inclusión digital. Es también una enorme oportunidad de negocios. La generación Silver ya está cambiando; la pregunta es si las empresas están cambiando con ella”, concluye Chichizola.