América Latina llega a 2026 en un momento decisivo para capturar valor a través de la tecnología. A pesar del potencial económico estimado de entre US$1.1 billones y US$1.7 billones anuales que la inteligencia artificial (IA) puede generar en la región, solo el 23% de las organizaciones reporta generar algún valor económico con IA, y apenas el 6% logra un impacto significativo en los resultados, de acuerdo con datos del Foro Económico Mundial y McKinsey & Company.
Esta brecha entre el potencial y la ejecución define hoy el verdadero campo de batalla: no se trata de quién adopta primero la tecnología, sino de quién logra convertirla en resultados concretos de negocio.
“El desafío ya no es adoptar tecnología, sino traducir su capacidad en una transformación empresarial efectiva”, señala Alessandro Buonopane, CEO de GFT Technologies para Brasil y América. En este contexto, agrega que “la ventaja competitiva estará en manos de las organizaciones capaces de integrar la IA en el núcleo de sus operaciones y no solo en iniciativas aisladas”.
Desde la perspectiva de GFT, el año comienza, entonces, no con la promesa de la transformación digital, sino con la ejecución. En un escenario donde solo una parte aún limitada de las empresas logra capturar valor relevante de la IA, el reto central deja de ser “adoptar tecnología” y pasa a ser integrar la modernización de la nube, la IA y los sistemas legados en procesos empresariales clave.
Esto exige un enfoque estratégico que combine un reposicionamiento centrado en la IA —no solo conceptual, sino operativo— con una adaptación precisa a la dinámica de cada mercado. El verdadero salto ocurre cuando la nube deja de ser solo infraestructura y se convierte en la base de iniciativas impulsadas por IA, conectando la modernización de sistemas centrales, la gestión de datos y la automatización inteligente de procesos críticos. “La nube es hoy el habilitador sobre el cual se construye la nueva generación de soluciones basadas en IA”, apunta Buonopane.
En Centroamérica y el Caribe, el reto se desplaza del terreno tecnológico al desarrollo de capacidades y el escalamiento. La estrategia de utilizar a Brasil como hub de conocimiento, formar talento local y transferir metodologías, se perfila como una vía pragmática para elevar el nivel técnico de la región. Experiencias en países como Costa Rica demuestran que existe una base sólida para evolucionar hacia un modelo más consultivo, especialmente en industrias como banca, seguros y fintech.
Este enfoque regional cobra mayor relevancia al observar el ecosistema SaaS en América Latina. De acuerdo con una encuesta de Riverwood Capital, mientras que las empresas brasileñas generan alrededor del 93% de sus ingresos en el mercado doméstico, compañías de Argentina, Chile y México muestran una vocación más regional, con México emergiendo como un centro clave de expansión.
Los datos respaldan esta tendencia: el 82% de las empresas SaaS en la región ya ha incorporado funcionalidades de IA, y el 60% reporta mejoras medibles en la interacción con sus usuarios. La demanda de capacidades técnicas está consolidada; la diferencia radica en quién puede ofrecerlas de forma confiable, escalable y con conocimiento sectorial.
A nivel general, América Latina enfrenta una paradoja clara: el potencial económico de la IA es alto, pero su materialización sigue siendo limitada. Si bien se estima que la adopción de estas tecnologías podría incrementar la productividad regional en aproximadamente un 2% anual y generar beneficios económicos de gran escala, el desafío no está en la falta de casos de uso, sino en la dificultad de integrarlos en los procesos y modelos de negocio centrales.
Fuente: GFT








