De acuerdo con cifras del Foro Económico Mundial, solo el 2,1 % del capital de riesgo global ha sido destinado a startups fundadas exclusivamente por mujeres. De ese porcentaje, menos del 1% llega a las fundadoras afros y latinas, pese a que las empresas lideradas por mujeres han demostrado generar mayores retornos por cada dólar invertido.
La brecha también se refleja en la toma de decisiones, ya que en el ecosistema de venture capital apenas el 15,4% de los cargos de decisión en las firmas de inversión están ocupados por mujeres, lo que incide en la evaluación y asignación de recursos.
“No falta talento, sobran sesgos. En mis reuniones con inversionistas, el patrón es claro: a las mujeres se nos evalúa por el riesgo y se nos exige el doble de pruebas o tracción, mientras que a los hombres se les invierte por su visión de potencial. El problema no es la falta de proyectos viables, sino un sistema que nos pide demostrar mucho más para recibir mucho menos”, afirma María Artunduaga, CEO de Samay.
La disparidad en el acceso a financiamiento para emprendimientos de base tecnológica también se refleja en Colombia. Un estudio de iNNpulsa identificó una brecha de siete puntos porcentuales en la probabilidad de obtener recursos entre hombres y mujeres y señaló que el 42 % de esa diferencia persiste incluso al igualar variables como educación, sector y experiencia, lo que sugiere sesgos estructurales en la asignación de capital.
En este entorno, la científica colombiana María Artunduaga fundó Samay, a través de la compañía ha accedido a más de 5,2 millones de dólares en fondos federales de investigación de Estados Unidos, provenientes principalmente de los National Institutes of Health y la National Science Foundation, agencias federales que financian proyectos científicos de alto rigor técnico.
“Samay es la prueba de que en Colombia podemos desarrollar tecnología médica de vanguardia y competir bajo los estándares más exigentes del mundo. El talento y la ciencia están aquí; el verdadero reto es romper las barreras de representación en los espacios donde se decide el futuro del capital”, afirma la Dra. Artunduaga.
Según reportes internacionales, si la tendencia actual se mantiene, la paridad en la asignación de fondos a equipos fundados exclusivamente por mujeres podría alcanzarse hacia 2065. En un mercado donde el acceso a capital define qué proyectos se convierten en empresas globales y cuáles quedan rezagados, la velocidad de ese ajuste no es un asunto simbólico, sino un factor que incide directamente en la competitividad científica y tecnológica de los países.
Fuente: Samay







