Fraudes potenciados por IA pueden ser 4,5 veces más rentables

El objetivo es lograr que la víctima actúe antes de verificar. La sofisticación tecnológica no elimina las técnicas tradicionales de ingeniería social; por el contrario, puede hacerlas más convincentes.

Una llamada con la voz de un familiar, un audio de WhatsApp de un compañero de trabajo o una videollamada de un ejecutivo solicitando un trámite urgente pueden parecer completamente reales y, sin embargo, ser generados de forma artificial.

La combinación de inteligencia artificial generativa, clonación de voz y contenidos audiovisuales (deepfakes) está llevando la suplantación digital a una nueva etapa, en la que ver, escuchar o reconocer a una persona ya no necesariamente significa estar frente a ella.

El riesgo también está creciendo desde el punto de vista económico. Un reciente análisis de INTERPOL advierte que el fraude impulsado por inteligencia artificial puede llegar a ser 4,5 veces más rentable que los métodos de ingeniería social tradicionales, mientras que las herramientas de IA facilitan la creación de contenidos utilizados para suplantar identidades y ejecutar diferentes modalidades de fraude financiero.

En Colombia, donde aplicaciones de mensajería y plataformas de transferencia inmediata hacen parte de las actividades cotidianas de millones de personas, este tipo de engaños puede aprovechar precisamente uno de los factores más difíciles de controlar: la confianza.

“Antes, escuchar la voz de una persona o verla en una videollamada era una garantía de confianza. Hoy ya no es suficiente. La pregunta dejó de ser si una comunicación parece real, y pasó a ser cómo comprobamos técnicamente que realmente proviene de quien dice ser”, explica Esteban Pinetta, asesor estratégico en delitos financieros y riesgo digital en SISAP.

El objetivo es lograr que la víctima actúe antes de verificar. La sofisticación tecnológica no elimina las técnicas tradicionales de ingeniería social; por el contrario, puede hacerlas más convincentes. El riesgo aumenta cuando la solicitud involucra transferencias, cambios de cuentas bancarias, códigos de autenticación, recuperación de credenciales o información confidencial.

Esto plantea un nuevo desafío para las empresas: los controles de seguridad no pueden depender exclusivamente de que un empleado reconozca una voz, un rostro o una comunicación aparentemente auténtica.

“No debemos confiar en que podremos detectar todos los deepfakes a simple vista o escuchando un audio. La defensa más efectiva en la era de la IA es diseñar procesos de control que exijan una segunda validación cuando una acción implique consecuencias financieras o críticas”, concluye el experto de SISAP.

La evolución del fraude plantea así un cambio en la manera de entender la seguridad digital. En un entorno donde una voz, un rostro o un video pueden ser generados artificialmente, la confianza ya no puede depender únicamente de lo que se ve o se escucha, sino de la capacidad para verificar de manera independiente quién está detrás de una comunicación.

Fuente: SISAP

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