Buenos Aires regulará el uso de la Inteligencia Artificial

Lo que hace ruido son los motivos partidarios que parecen esconderse detrás de esta iniciativa que se aplicará en la provincia de Buenos Aires.

La provincia de Buenos Aires acaba de dar un paso importantísimo al sancionar la primera regulación del uso de la inteligencia artificial; en este caso puntual, alcanza solo a su implementación en el ámbito público provincial.

Esta medida se da dos semanas después que el Municipio de Zárate (de ideología contraria al gobierno provincial) nombrara a una IA como la primera funcionaria no humana al frente de una dirección general.

Ante todo, celebro cualquier iniciativa que apunte a brindar un marco legal a una tecnología que es el presente (no el futuro) y que está generando una nueva revolución industrial, educativa, social y económica. Y en este caso en particular, esta normativa está inspirada en la regulación de la Unión Europea que, con mucho por mejorar, es un buen comienzo.

Lo que hace ruido son los motivos partidarios que parecen esconderse detrás de esta iniciativa. Hoy la tecnología está empujando un nuevo modelo, y los políticos lo están resistiendo. Primero, porque no lo entienden; eso es muy importante. Y segundo, porque no les conviene, porque trae una enorme transparencia al modelo y al sistema. Y pone en evidencia que lo que la gente quiere no es lo que sucede. Entonces la tecnología ha venido a hackear el modelo.

En lugar de limitarse a copiar legislaciones que tuvieron aceptación en otros lugares, es imprescindible que, quienes tienen la responsabilidad de definir el marco legal de la IA comprendan algunas de las tensiones que se generan alrededor de esta tecnología.

1) Magia versus impacto: La IA puede mejorar la educación, la salud, la seguridad. Pero también puede profundizar desigualdades. La diferencia está en quién la usa y cómo. Ya existen compañías que dejaron de contratar humanos. Es el síntoma más claro de una cultura que confundió eficiencia con evolución.

2) Inteligencia versus experiencia: La IA tiene inteligencia cognitiva, pero no experiencia corporal, emocional, relacional. Gobernar requiere de la integración de las habilidades que nos hacen más humanos y también de la humildad para incorporar las habilidades y herramientas que no conocemos o que necesitamos potenciar. Así como no alcanza con copiar regulaciones de otros países, cada territorio debe encontrar su propio camino.

El Foro Económico Mundial advierte que en 2030 las habilidades más demandadas no serán solo técnicas, sino creatividad, pensamiento crítico, colaboración y resiliencia.

La IA puede potenciar estas capacidades si sabemos usarla bien. La clave es anticiparse con visión estratégica. ¿Qué decisiones debemos tomar hoy para sostener o lanzar políticas, proyectos equipos, empleos y liderazgos que sean relevantes en el futuro?

3) Extractivista versus colaborador: La IA puede ser extractivista (es decir, quitar valor a la sociedad sin devolver nada) o colaboradora (resolver problemas de manera colectiva). La decisión es política. No se trata solo de regular la tecnología, sino de darle dirección con visión.

Gobernar en 2025 implica entender de IA. Es una responsabilidad, no una opción. Si no lo hacen, nuestros representantes estarán impulsando proyectos para un mundo que ya no existe. El primer paso para hacer transformaciones que generen un impacto positivo es tener conocimiento; y esto implica reconocer con humildad lo que no saben y conectar con los referentes de tecnología, IA, ética y gobernanza, para construir marcos que potencien posibilidades, pero resguardando lo más importante: las personas, los ciudadanos de hoy y del futuro.

Por Juan Santiago, CEO y Founder de Santex y miembro del board de la Liga del Bien de IA

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