En un contexto de adopción sin precedentes, donde la región ha visto un crecimiento del 63% en el uso de criptoactivos según el último informe de Chainalysis, la seguridad jurídica se ha vuelto el factor determinante para el inversor. En este contexto, algunas plataformas comenzaron a incorporar estructuras fiduciarias reguladas como respuesta a esa brecha.
Con un volumen transaccionado que ya alcanza los 1.5 billones de dólares en la región y países como Argentina donde el uso de stablecoins supera el 89% según el mismo reporte, la custodia suele ser el punto de mayor fricción.
En el modelo estándar de las wallets y exchanges, los fondos de los usuarios se depositan en cuentas colectivas —conocidas como cuentas omnibus— donde el dinero de miles de clientes convive bajo un mismo titular: la empresa. El usuario no es el dueño legal del activo, sino un acreedor de la plataforma. Mientras la app funcione, esa distinción es invisible. Pero ante una quiebra, un hackeo o una intervención regulatoria, los fondos entran en la masa patrimonial de la empresa y quedan sujetos a los procesos legales correspondientes.
Es exactamente lo que ocurrió con FTX, Celsius y otros exchanges que colapsaron entre 2022 y 2023: los usuarios no perdieron acceso a una app, perdieron la titularidad de sus fondos.
El modelo fiduciario, por el contrario, parte de un diagnóstico distinto. La implementación de una estructura fiduciaria se presenta como la solución técnica a la incertidumbre de los exchanges tradicionales porque hay una contrapartida fiat existente por cada posición cripto que el banco mantiene por cada usuario.
Bajo este esquema, los activos no se mezclan en una «bolsa común» de la empresa, sino que se registran en un patrimonio separado. Esto garantiza que, legalmente, el usuario sea el titular real de sus fondos. En otras palabras, los fondos de los usuarios están dentro de un fideicomiso legal administrado por Towertrust, lo que implica separación patrimonial: ese dinero no pertenece al patrimonio operativo de la wallet como empresa. De esa manera, si llegase a quebrar la compañía, esos fondos no son de los acreedores.
«La pregunta del ahorrista ya no es solo si la app es rápida, sino quién es el dueño del dinero cuando el teléfono se apaga», explica Gabriel Campa, Head of Digital Assets de ikigii by Towerbank International Inc. «El objetivo es eliminar la discrecionalidad: que la tecnología dé la agilidad, pero la estructura fiduciaria de respaldo ofrezca la certeza legal de que los fondos están protegidos y fuera del balance de la compañía».
Mientras que en los últimos años se han perdido más de $8,000 millones de dólares globalmente en exchanges debido a la mezcla de fondos operativos con activos de clientes, la estructura de Towertrust (ofrecida en ikigii) actúa como un cortafuegos legal. Así, el modelo fiduciario permite combinar la operatividad inmediata con la robustez de la normativa bancaria internacional.
Para el usuario es una alternativa que permite tener criptoactivos sin depender de la solvencia de quien los custodia. Cada titular sabe que los activos registrados a su nombre tienen una contrapartida real y están fuera del alcance de cualquier contingencia operativa de la plataforma.
Fuente: Towertrust








