El mercado de criptomonedas en la región alcanzó los 162,100 millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegará a los 442,600 millones para 2033, con una tasa de crecimiento anual del 10.93%, según datos de IMARC Group. Detrás de estas cifras hay algo más profundo que la especulación financiera, hay una respuesta pragmática de millones de personas a la exclusión, la inflación y la desconfianza en las instituciones.
En México, donde las remesas superaron los 64,000 millones de dólares en el primer cuatrimestre de 2025, el uso de stablecoins en plataformas descentralizadas logró reducir las comisiones de envío del 7% al 2.5%. La criptodivisa dejó de ser un activo de nicho para convertirse en infraestructura cotidiana.
Las DeFi son quizás el cambio más silencioso y, a la vez, más disruptivo que atraviesa la región. Basadas en contratos inteligentes que automatizan operaciones sin bancos ni intermediarios, permiten a cualquier usuario con conexión a internet ahorrar, pedir crédito o transferir dinero en minutos. El valor total bloqueado en protocolos DeFi a nivel global alcanzó los 154,000 millones de dólares en 2025, según DefiLlama.
Para una región donde, según el Banco Mundial, una parte significativa de la población sigue sin acceso a una cuenta bancaria, esto no es un dato menor. La adopción de criptomonedas entre los consumidores digitalizados de América Latina ya oscila entre el 15% y el 18%, según Americas Market Intelligence.
“Lo que estamos viendo en América Latina es una reconfiguración del contrato social con el dinero. DeFi y las criptomonedas no llegan a reemplazar al banco, llegan porque el banco nunca llegó. La narrativa ha cambiado y los medios empiezan a entenderlo: ya no es la noticia del Bitcoin que sube o baja, sino la historia de la señora latinoamericana que protege sus ahorros en USDT o del emprendedor que accede a crédito sin poner un pie en una sucursal”, explica Roger Darashah, co-fundador y socio de LatAm Intersect.
“La región hoy en día no es un mercado emergente en cripto, es un mercado de vanguardia. La necesidad aceleró la curva de aprendizaje. Los comunicadores, las marcas y los medios que quieran ser relevantes en la conversación económica de los próximos años tienen que hablar este idioma, porque sus audiencias ya lo hablan”, concluye Darashah.
Fuente: Latam Intersect








