La idea de que las amenazas digitales son limitadas, previsibles o meramente técnicas quedó desmentida por el aumento de ciberataques en 2025, dejando expuesta la fragilidad de nuestra sociedad globalizada debido a estos golpes sistémicos.
Una cosa está clara: desde filtraciones de datos de miles de millones de registros hasta pérdidas financieras invaluables. Nuestras vulnerabilidades más grandes no provienen únicamente de la tecnología, sino de las fallas humanas y organizacionales que la rodean.
Uno de los ejemplos más claros fue el ecosistema de Salesforce en Norteamérica. Más de mil millones de registros quedaron expuestos debido a que los atacantes aprovecharon accesos de terceros sin control y errores humanos.
Ingeniería Social, Vishing y aplicaciones maliciosas se convirtieron en los principales puntos de entrada. Fue un recordatorio preocupante de que, sin importar lo confiable que sea una plataforma, puede verse comprometida por una mala gestión de accesos, permisos e integraciones. Hoy, la ciberseguridad no consiste en levantar los muros más altos y fuertes, sino en saber quién tiene las llaves.
La verdadera pregunta no es si ocurrirá otra brecha, sino si aprenderemos de las lecciones de 2025. Si seguimos viendo la ciberseguridad como un asunto secundario, los próximos incidentes seguirán afectando a industrias, erosionando la confianza y desestabilizando economías. Pero si la abordamos de manera integral, centrada en la resiliencia, la gestión de riesgos de terceros y la recuperación, podremos construir sistemas más preparados para lo que viene.
La ciberseguridad ya no se trata solo de proteger datos: se trata de proteger la continuidad de nuestras operaciones, la confianza en nuestras instituciones y la estabilidad de la economía global.
César Pérez, VP de ventas de Kaseya







