10 claves para escalar proyectos de transformación educativa

Según datos de la UNESCO, en 2020 la finalización de la educación secundaria inferior es del 77 % y en la superior 58 %. Si bien los indicadores han mejorado, el ritmo fue significativamente más lento que en el período 2000-2015.

En Argentina, tomando datos del Observatorio de Argentinos por la Educación, de cada 100 estudiantes que comenzaron primer grado en 2011, 61 llegaron al último año de la secundaria en el tiempo esperado, es decir, en 2022. Apenas el 13% llegó a tiempo y con niveles satisfactorios de Lengua y Matemática.

Según información del reporte ENEI, en México más de 2,8 millones de estudiantes de 3 a 17 años se encuentran en rezago educativo; más de 19,5 millones de estudiantes se encuentran en situación de pobreza y más de 3.9 millones en condición de pobreza extrema; cerca de 841 mil personas en edad escolar trabajan y no asisten a la escuela; y más de 270 mil niñas, niños y adolescentes jornaleros agrícolas no van a la escuela.

En Colombia, un estudio de la Universidad de los Andes y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) realizado entre cuidadores, reveló que el proceso de lectoescritura se estancó o empeoró para el 75% de los estudiantes de entre 8 y 10 años, y para el 44% de los estudiantes entre 5 y 7 años. Por otra parte, desde el centro de investigación Fedesarrollo estiman que por cada 100 niños que se matriculan hoy en primero de primaria en Colombia, solo 44 logran graduarse de bachillerato a tiempo.

En un escenario tan complejo y de grandes desigualdades entre regiones y países, es fundamental entender que el abordaje de estos desafíos tiene que ser multidimensional. En este sentido, Estados, empresas, organizaciones de la sociedad civil, la academia y la comunidad educativa tienen que trabajar de manera mancomunada para que los esfuerzos que realizan no queden sólo en proyectos aislados o espasmódicos, sino que puedan escalar de manera masiva y desde la sistematicidad para tener un impacto real en la mejora de los aprendizajes, de la enseñanza y del funcionamiento de los sistemas educativos en general”, afirmó Natalia Jasin, directora general y Fundadora de Bounty EdTech.

Para que las buenas intenciones no queden sólo en eso, es clave pensar en proyectos escalables, sostenibles y pertinentes. El documento “Scaling impact in education for transformative change”, publicado por Brookings señala que la escalabilidad es un proceso complejo que requiere la acción concertada y colaborativa de múltiples actores en todos los niveles del sistema educativo.

Transformar los sistemas educativos es un proceso que requiere comprender las fortalezas y debilidades del ecosistema educativo y explorar nuevas aproximaciones, ideas e iniciativas para mejorar las oportunidades de aprendizaje de calidad para los niños y jóvenes. Es por ello que la escalabilidad no puede depender de un solo actor, sino que requiere un enfoque sistémico que considere las interacciones entre los diversos actores y componentes del sistema educativo”, agregó.

En general las tecnologías digitales ofrecen un potencial significativo para escalar proyectos de transformación educativa. Sin embargo, es importante utilizarlas de manera efectiva, responsable y planificada. Es fundamental considerar las necesidades y los contextos específicos de los y las estudiantes, así como los factores políticos y socioculturales institucionales que pueden afectar la implementación de las iniciativas”, explicó Jasin.

Para que la tecnología sea una herramienta valiosa para escalar proyectos de transformación educativa, es importante utilizarlas de manera estratégica. A continuación, la directora general de Bounty EdTech, ofrece una serie de diez dimensiones a tener en cuenta a la hora de presentar un plan de escalabilidad de un proyecto educativo.

  1. Comprender el ecosistema educativo: los desafíos son globales, pero requieren de abordajes anclados en las realidades de cada población y territorio, y contemplar cuáles son los recursos disponibles. Una misma solución o metodología de implementación, aplicada en diferentes contextos, puede tener resultados muy distintos.
  2. Desarrollar una visión compartida: además de contar con información sobre el escenario sobre el cual tenemos que actuar, es fundamental que sea compartido y consensuado por todos los actores involucrados en el diseño de soluciones. De este modo, se pueden crear indicadores y metas claras para el avance del proyecto.
  3. Construir alianzas multisectoriales: las alianzas permiten unificar esfuerzos con el objetivo de garantizar la sostenibilidad de los proyectos a lo largo del tiempo. Ya sea mediante esquemas de financiamiento, gestión de recursos, modelos de monitoreo y evaluación, u otras dimensiones, la continuidad de proyectos a escala se potencia con el aporte de todas las partes y resguarda la continuidad de los proyectos más allá de los escenarios cambiantes de la política, la tecnología y los liderazgos. La cooperación mutua es un elemento indispensable a la hora de construir estas alianzas estratégicas.
  4. Liderazgo: los proyectos educativos suelen involucrar a sectores muy diversos (educadores, supervisores, directivos, gremios, cooperativas, cámaras, empresas, a la sociedad en general). Cada colectivo tiene referentes que pueden traccionar tanto desacuerdos como apoyos. Contar con liderazgos claros e involucrarlos en la planificación, permite potenciar la gestión de los cambios desde la escucha activa entendiendo su visión de campo.
  5. Emplear un enfoque sistemático: en este caso, nos referimos al uso de un conjunto de principios y procesos para garantizar que una iniciativa educativa pueda ser expandida y profundizada de manera exitosa. Tener una visión de éxito permite fijar objetivos claros y precisos con metodologías que puedan tomarse de buenas prácticas e iterar a partir de ellas. 
  6. Adoptar un enfoque flexible: más allá de lo consistente que puede ser la planificación de un proyecto de escalabilidad, siempre enfrentaremos contingencias o situaciones imprevistas. La pandemia es un ejemplo muy claro de que todo puede cambiar abruptamente. Por esa razón, adoptar un enfoque flexible permite pensar en diferentes escenarios que, aun cuando el desafío requiera de la modificación de la iniciativa o el plan de implementación, no perdamos de vista las metas y objetivos prioritarios.
  7. Medir el impacto: ¿Cambian las prácticas docentes después de implementar programas de capacitación situada? ¿Hay mejoras en los aprendizajes de los estudiantes? ¿Mejoran las condiciones de empleabilidad de los jóvenes que se forman en cursos que ofrecemos? Para responder a estas preguntas es fundamental contar con líneas de base que nos permitan saber desde dónde partimos y cómo se van modificando los indicadores que nos ocupan. La evaluación debe estar planificada desde el inicio y requiere de esquemas de monitoreo constante.
  8. Comunicar los resultados: los esfuerzos no pueden quedar sólo en informes de gestión. Los resultados deben ser claros para todos los actores involucrados y para la sociedad en general. Esto permite generar confianza en el proceso y facilita el proceso de apropiación a la hora de escalar a nuevas etapas. Documentar los procesos es clave fundamental para dejar la capacidad instalada.
  9. Aprender y adaptarse: el informe de Brookings trae un concepto llamado “Real-Time Scaling Lab”. Se trata de un enfoque de investigación-acción participativa que acompaña a una iniciativa educativa en el proceso de escalar, con el objetivo de aprender de la experiencia, documentar el proceso y apoyar su crecimiento y la sostenibilidad del impacto. En este sentido, genera indicadores que nos permitan medir cuáles son los resultados de la implementación y tomar decisiones a tiempo.
  10. Tener paciencia: los cambios en los sistemas educativos, las prácticas de enseñanza, en los aprendizajes no son fáciles y llevan tiempo. Partir de buenos diagnósticos, con la convicción de cuál es la dirección que debemos seguir y con el compromiso de los actores involucrados, es un paso indispensable, pero los cambios no se ven en una gestión de gobierno.
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