La evolución del CSO también modificó las capacidades que demanda el mercado. El conocimiento técnico continúa siendo importante, pero hoy las organizaciones priorizan perfiles capaces de traducir la sustentabilidad al lenguaje del negocio, interpretar datos e influir transversalmente sobre toda la organización.
Según la investigación Our Human Moment de Accenture, el 96% de los colaboradores desea que la sustentabilidad forme parte de su vida laboral, aunque solo el 25% considera que su empresa promueve activamente acciones concretas en ese sentido. Reducir esa brecha representa una oportunidad para fortalecer el compromiso de los equipos y mejorar la retención del talento.
«El CSO se convirtió en el traductor entre la operación y la estrategia financiera», sostiene Belén Arce, Sustainability Senior Manager de Accenture Argentina. Tiene que demostrar que aquello que muchas veces se percibe como un costo de cumplimiento genera retornos medibles y que los riesgos ambientales, sociales o regulatorios tienen un costo de prevención mucho menor que el de reaccionar cuando ya se materializaron”.
“El CSO necesita credibilidad técnica, pero sobre todo habilidad para traducir complejidad en lenguaje de negocio. El mercado ya no busca al profesional que mejor conoce los estándares internacionales, sino al que demuestra que la sustentabilidad mejora el perfil de riesgo de la empresa, abre una nueva oportunidad de negocio o fortalece la posición frente a inversores», afirma Arce.
La evolución del rol no solo impacta sobre la alta dirección. También modifica la cultura organizacional y la forma en que los colaboradores se vinculan con las compañías.
«En niveles de mandos medios la atracción inicial se define por variables duras como una remuneración competitiva y flexibilidad. Sin embargo, cuando analizamos cómo frenar la rotación, el propósito cobra una fuerza enorme. Un sueldo competitivo abre la puerta, pero lo que evita el desapego en la estructura es el sentido de pertenencia”, sostiene Juan Manuel Cueto, Managing Partner de Hires. “Cuando un coordinador o gerente percibe que su trabajo diario tiene un impacto positivo real en el ambiente, se construye un vínculo humano que ninguna política de beneficios tradicionales puede comprar. En el llano de la organización, el salario atrae, pero la coherencia y el propósito retienen», agrega.
Por su parte, María Eugenia Ybarra, Customer Care & Services Manager en Nestlé Nespresso, sostiene que la sustentabilidad dejó de ser un área específica para convertirse en un criterio transversal de gestión. que la sustentabilidad atraviesa hoy toda la cadena de valor y participa de las principales decisiones de negocio.La sustentabilidad participa de decisiones sobre abastecimiento, innovación, experiencia del cliente, eficiencia operativa, gestión de riesgos y reputación. Ya no es un complemento: forma parte de cómo las empresas generan valor.
«En Nespresso eso se vive de manera muy natural porque atraviesa toda la cadena de valor: comienza en el origen del café, continúa en la producción, el packaging, la logística y llega hasta nuestros programas de reciclaje y nuestra certificación como Empresa B. No son iniciativas aisladas; es una forma de gestionar el negocio».
La consolidación de este enfoque también cambió la forma de entender la relación entre sustentabilidad y rentabilidad. «Muchas veces se plantea una falsa dicotomía entre rentabilidad y sustentabilidad. Cuando se integra a la estrategia, este camino empieza a generar eficiencias, fortalece la confianza de los consumidores, reduce riesgos y construye relaciones de largo plazo. Para mí, la pregunta ya no es cuánto cuesta ser sustentable, sino cuánto cuesta no serlo”, concluye Ybarra.
Desde la experiencia de una compañía que integra la sustentabilidad como parte de su estrategia de negocio, Paola Nimo de Natura concuerda con esa mirada: «un compromiso genuino se logra cuando cada persona ve cómo su trabajo diario conecta con un propósito más grande.
Cuando el equipo siente que está impulsando una transformación natural, social y cultural, pasamos de ser solo una empresa a ser agentes de cambio. Que los valores individuales conversen con los de la compañía genera sentido de pertenencia, identificación y una gran atracción y retención de talentos.