El 71% de las empresas ya usa IA y la inteligencia comercial entra en la era de los compradores digitales
El comercio electrónico argentino entró en una etapa en la que crecer ya no depende solamente de atraer visitas. La próxima frontera será lograr que los datos de productos, precios, stock, pagos y facturación puedan utilizarse en tiempo real, tanto por las empresas como por una nueva clase de compradores: los agentes de inteligencia artificial.
El Estudio Mid Term 2026 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, realizado por Kantar, ofrece una fotografía de esa transición. Durante el primer semestre, la facturación online alcanzó los $19,53 billones, un 28% más que en igual período de 2025. Sin embargo, la inflación acumulada entre junio de 2025 y junio de 2026 fue de 33,5%, por lo que el crecimiento nominal no se tradujo en una expansión equivalente en términos reales.
“Durante mucho tiempo, la inteligencia comercial estuvo asociada a grandes tableros y proyectos costosos. Hoy, una parte fundamental ya existe dentro de las operaciones cotidianas. Cada venta, factura, pago o devolución genera información para entender mejor el negocio”, explica Lorena Comino, fundadora y CEO de Facturante.
La adopción tecnológica ya comenzó. Según CACE, el 71% de las empresas relevadas utiliza inteligencia artificial en algún proceso. Entre esas compañías, el principal destino es marketing y publicidad, mencionado por el 80%, seguido por la automatización de tareas, con 61%, y la personalización y experiencia de usuario, con 55%.
El dato muestra una expansión acelerada, pero también una primera etapa de madurez. Gran parte de las implementaciones todavía se concentra en producir contenidos o automatizar tareas aisladas. El salto siguiente será conectar la IA con información operativa confiable y permitirle intervenir en decisiones concretas.
Del comercio electrónico al comercio agéntico
El comercio agéntico es un modelo en el que un sistema de IA puede actuar en representación de una persona o una empresa. En lugar de limitarse a responder una consulta, interpreta una necesidad, investiga alternativas, compara precios y condiciones y, con los permisos correspondientes, puede iniciar o completar una compra.
La diferencia con el e-commerce tradicional es profunda. Hasta ahora, las tiendas se diseñaron principalmente para ser recorridas por personas. En el nuevo escenario también deberán ser interpretadas por máquinas. Los agentes necesitarán información estructurada y consistente sobre productos, precios, impuestos, promociones, stock, entrega, cambios y devoluciones.
“Una IA puede ser muy sofisticada, pero si recibe un precio desactualizado, un stock incorrecto o descripciones contradictorias, va a tomar una mala decisión. Antes de automatizar la compra hay que ordenar la información que alimenta esa compra”, advierte Comino.
El ecosistema argentino presenta condiciones favorables para esa evolución. Nueve de cada diez argentinos ya compraron online alguna vez, según CACE, y el 85% realizó al menos una compra durante los últimos doce meses, el nivel más alto de la serie. Además, el canal digital representa en promedio el 28% de las ventas de las empresas con operación física relevadas, frente al 25% registrado un año antes.
Otros estudios también señalan que una de cada cuatro tiendas online en Argentina ya utiliza herramientas de IA. Durante el semestre, estas soluciones comenzaron a pasar de la generación de imágenes y descripciones a la recomendación de productos, la interpretación de consultas y el acompañamiento del proceso de compra.
En este contexto, la facturación electrónica puede convertirse en una capa de información estratégica. No es solamente el comprobante que cumple una obligación fiscal. Confirma qué se vendió, cuándo, por cuánto, a través de qué canal y bajo qué condiciones. Vinculada con inventario, pagos, logística y gestión de clientes, permite construir una visión integral de la actividad.
“Una factura es también un registro estructurado de una decisión de compra. Cuando esa información se integra, permite reconocer recurrencias, estacionalidad, combinaciones de productos y diferencias entre canales. Esa es la materia prima de la inteligencia comercial”, sostiene Comino.
La principal barrera no será el acceso a modelos de inteligencia artificial, sino la calidad y conexión de los datos. Muchas compañías todavía administran por separado la tienda online, los locales físicos, los marketplaces, los pagos, la logística y la facturación.
Las empresas deberán desarrollar catálogos legibles por máquinas, mantener precios y stock actualizados, unificar la identificación de productos y clientes e integrar venta, pago, entrega y facturación. También tendrán que conservar trazabilidad sobre las decisiones ejecutadas por sistemas automáticos.
Un agente debe conocer qué puede hacer sin intervención humana, cuándo necesita una confirmación y cómo se revoca una autorización. La protección de datos, el consentimiento, la prevención del fraude y la responsabilidad ante una compra equivocada serán tan importantes como la velocidad de la operación.
“El objetivo no debería ser delegar todo, sino automatizar con reglas claras. Una empresa necesita saber qué datos utilizó el agente, por qué recomendó una acción y quién autorizó cada paso. Sin trazabilidad no hay verdadera inteligencia comercial; hay automatización sin control”, afirma Comino.
También cambiará la forma de medir el recorrido del cliente. Una compra iniciada por un agente puede combinar información de buscadores, redes sociales, marketplaces, tiendas propias y reseñas. Las empresas necesitarán identificar qué datos influyeron en la elección y qué variables determinaron que su oferta fuera recomendada o descartada.
Los números del primer semestre muestran más transacciones, mayor frecuencia y una rápida incorporación de IA, pero también presión sobre el valor real de las ventas. En ese escenario, la inteligencia comercial deja de ser una herramienta para analizar reportes al final del mes y comienza a convertirse en la infraestructura que conecta datos, decisiones y acciones.
El comercio agéntico todavía está en desarrollo, pero plantea una señal concreta: en la próxima etapa del e-commerce no alcanzará con estar online. Las empresas deberán disponer de información confiable e integrada para que personas y agentes digitales puedan encontrarla, interpretarla y operar con ella.