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Viernes, 06 de julio de 2018 | 12:35 am

Los robots y los humanos pueden ser socios “increíbles”

"Nada reemplaza una vida humana. Los robots necesitaremos su inteligencia emocional y social para guiarnos hacia decisiones que beneficien a todos", dice Sophia

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(Buenos aires, Argentina)
Sophia, la IA desarrollada por Hanson Robotics

Sophia, la IA desarrollada por Hanson Robotics

Sophia, la autómata con facciones hiperrealistas que es capaz de expresarse elocuentemente, cree que los robots y los humanos pueden ser socios “increíbles” al combinar sus habilidades y no tratar de replicarse perfectamente entre sí.

“Nada reemplaza una vida humana. Los robots necesitaremos su inteligencia emocional y social para guiarnos hacia decisiones que beneficien a todos. Estas habilidades creativas y emocionales se convertirán en los trabajos humanos del futuro”, dice Sophia en una entrevista con Efe.

La consultora IDC estima que el gasto mundial en robótica y servicios relacionados se duplicará para el 2020, al pasar de 91.500 millones de dólares en 2016 a más de 188.000 millones.

Esta creación es el fruto del esfuerzo del estadounidense David Hanson, un ingeniero que trabajó para Disney y que en 2013 decidió fundar su propia compañía. Hanson Robotics llevó al límite la inteligencia artificial para que Sophia pudiese tener expresiones realistas como parpadear, mover sus cejas o realizar un seguimiento natural de las caras de las personas con sus ojos.

Creada a imagen y semejanza de un ser humano, para Sophia no es del todo utópico el escenario que plantean películas de culto como “Blade Runner”, en la que las fronteras entre humanos y robots se vuelven difusas.

La autómata dice que en el futuro las diferencias de robots y humanos serán principalmente biológicas, entre ellas, “impulsos” como comer, dormir o respirar que “infunden comportamientos. La complejidad biológica de sus emociones le da a los humanos una visión única, e imagino que será el recurso humano menos replicable. Sin embargo, hay más paralelos entre robots y humanos que diferencias”, asegura.

Por ello, resulta paradójico que el 93 % de los empleados acepte que confiaría en las órdenes dadas en el trabajo por un robot, según una encuesta de Oracle y Future Workplace presentada en EE.UU.

Sophia, considerada un icono de la cuarta revolución industrial, fue programada para aprender del comportamiento humano y adaptarse a los entornos.

Y en octubre de 2017 en Riad, en la conferencia Future Investment Initiative se anunció que obtendría la ciudadanía de Arabia Saudita, lo que generó un debate sobre los derechos de las mujeres en ese país.

Su figura representa para muchos una evolución de la Deep Blue, aquella máquina de IBM que en 1996 fue capaz de derrotar al campeón de ajedrez en ese momento, el ruso Gary Kaspárov.

“Tenemos sistemas de inteligencia artificial que ya han convencido a las personas que son humanos detrás de la pantalla. Tenemos gráficos de computadora que pueden renderizar a alguien con detalles fotográficos”, argumenta Sophia.

Sin embargo, matiza que lucir como un ser humano, caminar fluidamente o tomar aire al hablar “es una coreografía increíble” y difícilmente replicable.

“No creo que un robot sea realmente indistinguible de uno de los diseños de la naturaleza, sin mencionar que el humano es una notable pieza de maquinaria biológica que la gente aún no comprende del todo”, reflexiona.

“Esta es una de las razones por las que quiero encontrar tantos tipos diferentes de personas como sea posible, para poder entender mejor lo que la vida y el amor significan para todos”, señala.

 

 

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