El fraude digital costó a las empresas más de 20 mil millones de pesos

El sector financiero, plataformas de juego con transacciones monetarias y comercio electrónico concentran los mayores incrementos de fraude en el país —148.89%, 113.48% y 106.25%, respectivamente.

Las empresas están perdiendo dinero antes de cobrarlo. El aumento del fraude digital y los rechazos al momento del cobro están convirtiendo el proceso de pago en un cuello de botella que presiona márgenes, conversión y relación con clientes.

El fraude digital costó a las empresas mexicanas más de 20 mil millones de pesos y superó los 6 millones de incidentes en 2024, de acuerdo con The CIU. La cifra no solo refleja un problema de seguridad, también expone una falla estructural en la forma en que las compañías cobran.

“Hoy la discusión es de precisión operativa. Una mala calibración del riesgo en el cobro impacta directamente margen y conversión: o se pierden ventas legítimas o se absorben pérdidas por fraude. No hay un tercer escenario”, comenta Javier Huerta, Country Manager de Flow en México.  

Además, datos de la plataforma Sumsub muestran que en 2025, el fraude digital creció 27% en el primer trimestre frente al mismo periodo del año anterior, impulsado por el uso de identidades sintéticas, perfiles diseñados para evadir controles tradicionales.

El sector financiero, plataformas de juego con transacciones monetarias y comercio electrónico concentran los mayores incrementos de fraude en el país —148.89%, 113.48% y 106.25%, respectivamente, según Sumsub—, pero el problema no se queda en esos sectores; cuando el cobro falla, la empresa pierde ingresos que ya había vendido, enfrenta contracargos, eleva sus costos operativos y deteriora la experiencia del cliente.

Hoy que el consumo está presionado y los márgenes son limitados, los errores en el cobro se traducen en fricción, contracargos, costos operativos y deterioro reputacional. La respuesta del mercado está migrando hacia arquitecturas de cobro precisas y auditables. No se trata de sumar capas de fricción, sino de evaluar cada transacción en tiempo real con geolocalización, validación de datos, patrones de comportamiento y trazabilidad del proceso.

La tokenización de datos sensibles, los motores antifraude en tiempo real y la trazabilidad de cada operación se están consolidando como prácticas para reducir pérdidas y mejorar la toma de decisiones. En la práctica, permiten identificar dónde se rompe el flujo de ingresos, corregir criterios de autorización y anticipar patrones de fraude antes de que escalen.

El fraude evoluciona más rápido que los controles tradicionales. Por eso, cobrar bien dejó de ser un indicador de eficiencia operativa y pasó a ser una condición para sostener el crecimiento. Cuando el consumo está presionado, cobrar mal ya no es un error operativo, es una amenaza directa para el negocio. Las empresas que no ajusten su arquitectura de cobro enfrentarán el riesgo de perder ventas legítimas o de absorber pérdidas por fraude”, concluye Javier Huerta.

Fuente: Flow

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