Las criptomonedas, que son un activo digital basado en código informático, funcionan de forma autónoma y difieren significativamente de las monedas tradicionales. Son valores especulativos que tomaron mayor protagonismo en el último tiempo, transformándose en una alternativa para un potencial inversor.
Las más populares y de mayor circulación son el Bitcoin, Ethereum, Dogecoin, Litecoin y Ripple, con importante presencia en el mercado financiero digital.
Muchos especialistas del mundo económico y financiero alertan sobre una “burbuja” especulativa, ante el furor de las criptomonedas, incluso cuando en los primeros cuatro meses de 2021 el Bitcoin había duplicado su valor, batiendo récord. Si nos remontamos al año 2020, en plena pandemia, el Bitcoin acumuló un alza del 800% interanual, en comparación con 2019.
José María Softa, CEO de Konnectia nos comenta ¿Por qué la criptomoneda es un activo muy arriesgado
Definitivamente, las dudas que se generan sobre el presente y futuro de este activo, centradas en su alta volatilidad, su falta de regulación y transparencia, sumado a la vulnerabilidad inherente a su naturaleza digital –como se informó en una alerta emitida por el BCRA y la CNV sobre los riesgos e implicancias de los criptoactivos–, la posicionan como un activo de estas características.
Hay un escepticismo generalizado que sostiene que las criptomonedas son tan sólo una “desafortunada moda pasajera”, como recalcó Randal Quarles, el vicepresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Se suman también las posturas en contra de algunos ganadores de premios Nobel de Economía, como Paul Krugman, Robert C.Merton y Joseph Stiglitz.
Uno de los mayores riesgos de invertir en criptomonedas es su gran volatilidad, ya que sus cotizaciones pueden fluctuar significativamente en periodos muy cortos.
Esto supone un riesgo mayor al usual en las inversiones, donde las pérdidas pueden ser enormes, a veces incluso, totales. En diciembre del 2017, el bitcoin se vendió brevemente por $25,000, y al poco tiempo el precio cayó más del 30%, y continuó en declive hasta cotizar por menos de $5,000 a principios del 2019. Actualmente, bitcoin continúa experimentando frecuentes turbulencias.
En junio de 2021, al poco tiempo de haber cotizado casi $65,000 (en abril 2021), cayó más de 2% en el día por un cruce bajista (cuando se acelera la tendencia a la baja de un activo, y se anticipan más bajas).
En mayo 2021 el Bitcoin perdió un 35% en su peor mes desde 2018, y luego cayó por debajo de los $ 30.000 dólares por primera vez desde enero. Lo mismo sucedió con el Litecoin, que valía más de $300 a finales del 2017, cayó a $30 en enero del 2019, y actualmente está en aproximadamente $135; y con la Dogecoin, que perdió un 30% en el último mes.
Por este motivo, las criptomonedas son altamente especulativas, asegura el el directivo. Según JP Morgan, muchos grandes inversores abandonaron ese mercado, y se pasaron al oro. Además de su volatilidad, al no haber regulaciones que gobiernen el mercado de la criptomoneda, los intercambios son vulnerables a ser hackeados y/o ser objetivos de otras actividades delictivas.
Warren Buffet, uno de los más grandes inversores de todos los tiempos, ha opinado que las criptomonedas van a implosionar, por la falta de regulaciones y de control, al no estar bajo la supervisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos, ni de ningún otro banco central soberano.
Hay varios casos de hackeo a los inversores, entre ellos el de AfriCrypt, en el cual dos hermanos de 17 y 20 años se fugaron con aproximadamente $ 3.600 millones de dólares en Bitcoin. En Brasil también se conoció otra situación de fraude cuando el CEO de Atlas Quantum se fugó con casi $500 millones de dólares en Bitcoin, pertenecientes a unos 200,000 inversores en 50 países.
Otro punto a considerar, y que puede influir en futuras prohibiciones o cambios en sus condiciones de uso e intercambio, es que por su fácil acceso, su alcance global y la limitada capacidad que existe para su monitoreo y análisis, las criptomonedas pasaron a ser el activo elegido por agrupaciones terroristas a nivel mundial y otras graves actividades ilícitas apoyadas en su anonimato y falta de nominatividad. Según fuentes de Interpol, estos terroristas recaudan más de $ 1.000 millones de dólares al año en criptomonedas.
Falta de regulación, las criptomonedas no son emitidas ni respaldadas por un banco central ni por gobierno alguno. No cumplen con las condiciones requeridas para que se los considere dinero de curso legal. Esto genera una incertidumbre sobre si este tipo de monedas serán adoptadas masivamente, lo que actualmente no sucede, ya que se pueden hacer pocos pagos mediante este método.
¿Ud. considera que la inversión inmobiliaria es más segura que una moneda virtual?
El ahorrista argentino tiene un perfil con poca tolerancia al riesgo. Esta característica hace que una moneda virtual, sin respaldo legal, y con muchas fisuras vulnerables, no sea la mejor opción para aquellas personas que están evaluando dónde y en qué invertir sus ahorros.
Adicionalmente, las criptomonedas no son activos productivos. Cuando se invierte en el mercado inmobiliario, se obtiene la titularidad de una propiedad, y no sólo uno sigue siendo dueño del dinero que se invirtió en la misma (que tiende a valorizarse en el tiempo), sino que también se puede alquilar para generar un flujo de ingresos.
Tangible, legal y rentable Invertir en un proyecto inmobiliario tiene varias ventajas para el inversor, especialmente si se decide realizar esa inversión en una propiedad en Estados Unidos, la primera democracia y economía del mundo. Los riesgos son significativamente bajos, al tratarse de un país con una alta estabilidad económica, política, y seguridad jurídica.
A su vez, la tangibilidad de invertir en ladrillos es incomparable con la virtualidad de las criptomonedas, y en paralelo a esto, a la seguridad y legalidad que ofrece. Al comprar un condo-hotel, por ejemplo, se tiene la escritura individual de la propiedad. Además, se cuenta con la posibilidad de obtener una rentabilidad palpable, inmediata, estable y neta a mediano y largo plazo en dólares.
Desde Argentina –o desde cualquier país del mundo–, se puede concretar la operación sin necesidad de viajar o estar presente en los Estados Unidos. La transacción es muy segura con el respaldo de una entidad financiera en la economía real, con documentación digital certificada y legalizada, lo que la hace una inversión concreta y tangible, sin necesidad incluso, de que sea administrada por el propio inversor.
Como conclusión, nada mejor para un inversor mayorista o minorista –por seguridad, sustento jurídico y rentabilidad asociada, entre otros muchos atributos–, que invertir en real estate en la primera economía del mundo que, adicionalmente, ya se muestra como una de las de mayor crecimiento luego de la pandemia.