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miércoles, 06 de mayo de 2015 | 2:34 pm

WEF, nueva visión y nuevos modelos para la educación

La inversión pública en educación ha aumentado al 5% de su PIB -comparado con el 5.6% de la OCDE-, resultando casi en acceso universal a la educación primaria.

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(América Latina )

Las brechas de destrezas son uno de los principales problemas sociales y económicos de nuestra era. Más que en ninguna otra región emergente, ni América Latina ni el Caribe (ALC) pueden satisfacer a las compañías en cuanto a las destrezas necesarias para sus operaciones. Son algunas de las temáticas que abordarán las sesiones en el WEF América Latina 2015, en Cancún, México.

José M. Salazar-Xirinachs, director asistente de política, OIT elaboró un informe donde considera los factores que determinan esta brecha, y nosotros nos enfocamos en un apartado sobre la educación.  ALC ha hecho grandes avances en la inversión y en la cobertura de la educación. La inversión pública en educación ha aumentado al 5% de su PIB (comparado con el 5.6% de la OCDE), resultando casi en acceso universal a la educación primaria.

Pero la matriculación en el preescolar sigue siendo baja: 66% comparado con 83% de la organización. La matriculación también es baja en la educación secundaria (74% comparado con 91% de la OCDE) y en la educación superior (42% comparado con 71% de la entidad).

En términos de años de educación, las personas en los países de la OCDE alcanzan un promedio de 12 años, mientras que en los países de ALC el promedio es de 1 a 3 años menos, dependiendo del país. Estas son grandes brechas que se deben cerrar. Algo particularmente preocupante es la brecha de la educación secundaria, ya que investigaciones recientes demuestran que los países con una estructura de obtención educacional (EAS, por sus siglas en inglés) en la que falta la educación media (secundaria) tienen muchas menos capacidades y flexibilidad para la transformación productiva y la diversificación.

A pesar de que todavía existen importantes brechas cuantitativas que cerrar, los problemas más graves están en la calidad y la relevancia. Consideremos esto: se ha descubierto que la cantidad, según se mide por los años de educación, explica el 28% de la diferencia en el PIB per cápita entre los países de ALC y los de la OCDE. No obstante, cuando se incluye el factor de calidad, el capital humano explica casi el 60% de la diferencia de ingresos per cápita.

Los ocho países de América Latina que han participado en las mediciones de calidad educacional PISA de la OCDE quedaron en el tercio inferior de los rankings de los 65 países en las tres materias examinadas (matemáticas, ciencia y lectura). La calidad también es un reto para las instituciones de educación superior. Estas instituciones están muy por debajo en los rankings de las universidades internacionales. En el ranking del Times Higher Education University 2013/14 no aparece ninguna universidad latinoamericana ni caribeña entre las 100 mejores del mundo, y sólo tres de ellas aparecen entre las mejores 400.

Nuevas tecnologías pueden ayudar a mejorar las políticas educativas. Hoy día la revolución digital y la explosión de cursos abiertos masivos en línea (MOOCs) están produciendo una gran disrupción y un cambio en la industria de la educación. La educación se está moviendo de un modelo de fábrica a uno digital y personalizado. En ALC esta revolución está en sus etapas tempranas, pero no cabe duda de que puede traer a la región una riqueza de nuevas oportunidades educacionales y modelos educativos. Tiene el potencial de mitigar tanto el problema de acceso como algunos de los problemas de calidad. No obstante, existen varios obstáculos para poder aprovechar al máximo esta oportunidad.

En primer lugar, nos referimos a la innovación social a escala masiva. Los sistemas de educación pública son estructuras burocráticas muy grandes con muchos actores: maestros, estudiantes, administradores, padres de familia. La naturaleza humana es aferrarse a los hábitos longevos y defender sus intereses y el status quo férreamente, lo cual sofoca la innovación. Lo bueno es que ahora tenemos buenas mediciones de la calidad de educación como las pruebas PISA. Esto nos ayuda a enfocar nuestra atención y hacer del diálogo sobre la política algo más concreto. No obstante, es imperativo expandir los esfuerzos de medición a otros tipos de destrezas para el siglo XXI, las no cognitivas o socio-emocionales, y hacerlas piezas clave de los esfuerzos de reforma.

En segundo lugar, a fin de capitalizar las oportunidades de la revolución digital en la educación y la capacitación también existen otras barreras concretas: la falta de conectividad adecuada masiva e infraestructura de banda ancha, falta de acceso a computadores y a dispositivos como las tabletas digitales así como falta de alfabetización digital.

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