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martes, 20 de enero de 2015 | 12:10 pm

El caso Nisman agrega incertidumbre al futuro de la economía Argentina

La sorpresiva y misteriosa muerte del fiscal federal Alberto Nisman, se convirtió en la noticia del año y tal vez de la década.

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(Buenos Aires, Argentina)

Alberto Nisman

La consternación por la muerte del fiscal Alberto Nisman fue de tal magnitud, que ni los analistas, ni los economistas, se animaron ayer a predecir qué tipo de consecuencias, si es que las tiene, puede ocasionar en la economía argentina la muerte de Nisman. Lo que es innegable es que se trata de un hecho que suma incertidumbre a una economía golpeada. De hecho, inflación alta, compromisos de deuda por u$s 13.000 millones para pagar este año, sumados al conflicto sin resolver con los holdouts, un producto bruto interno (PBI) que no tendrá grandes modificaciones, un Brasil en recesión y una baja generalizada en los commodities no representan el mejor panorama para amortiguar semejante noticia.

Un mes antes de la muerte de Nisman, por ejemplo, el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Urtubey, estimó que en 2015 podría haber un repunte de la actividad si se resuelve el que hasta el momento parecía ser el principal frente externo de la Argentina, el conflicto con los fondos buitre. “Desde enero se abre un panorama interesante para ver, una vez caída la cláusula RUFO, cómo se resuelve el capítulo con los holdouts. De ser positiva, esta solución puede tener repercusión en las expectativas de actividad económica, en las inversiones y el financiamiento internacional para el sector público y el sector privado”, dijo el industrial. Pero si bien la cláusula RUFO cayó y no parece encaminarse ninguna negociación con los buitres, la muerte del fiscal la archiva, al menos, por estos días.

Es que Nisman no es un número más para la política ni para la economía del país. El fiscal muerto en su departamento de Puerto Madero de un disparo en la cabeza se encontraba en el centro de todas las miradas debido a su denuncia contra el Gobierno por el presunto encubrimiento de Irán en la causa AMIA, acusación que tenía previsto ratificar ante el Congreso.

Ayer, los mercados no se inmutaron. La Bolsa cayó 0,4% y el dólar blue, o paralelo, subió 0,15 centavos. Los bonos, por su parte, tampoco reflejaron la noticia. Pero a esta situación de calma le falta un dato: fue feriado en Wall Street, meca financiera mundial y referencia para los bonos y acciones de la Argentina.

Así y todo, el mercado siempre le respetó al kirchnerismo el control del Gobierno. Es decir, da por sentado que se las ingenia para encontrarle una solución a los problemas de corto plazo. Pero el caso Nisman y su repercusión mundial son otra cosa: en materia económica, es una mala noticia básicamente porque aumenta la incertidumbre, que es algo así como agregarle más leña al fuego.

De todos modos, más incertidumbre no significa modificaciones drásticas en la situación económica actual. No llegarán menos inversiones y nada prevé una disparada del dólar, ni del blue y menos del oficial. Con el swap realizado con China, la Argentina incrementó sus reservas y logró estabilizar el tipo de cambio porque tiene espaldas para sostener el país funcionando como hasta ahora.

Claro que si los bonos argentinos son los que más rindieron después de los de Turquía en 2014, no fue precisamente porque la Argentina está en default. Tal vez fue porque el país hoy tiene apenas el 8% de la deuda en dólares sobre el PBI y eso lleva a pensar que tiene cómo pagar sus compromisos de deuda, o porque los inversores están convencidos de que Cristina Kirchner no realizará cambios de fondo en su último año al frente del Ejecutivo. También los mercados se juegan unas fichas al próximo Gobierno.

Así son los mercados, que no tienen corazón, porque nunca lo tuvieron y porque tampoco es su propósito. Así funcionan los empresarios, que tienen empresas porque quieren ganar dinero. Porque también está claro que es fácil decidir con la plata de los demás. A los hombres de negocios, en todo caso, hay que exigirles que paguen los impuestos, que sus empleados estén en blanco y todos dentro de la ley. Pedirles inversiones en este contexto es más complicado, aún cuando muchos hayan ganado dinero como nunca antes con el kirchnerismo.

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