Real Estate

viernes, 03 de junio de 2016 | 12:03 am

Trump y su fracaso en la Argentina con un negocio inmobiliario

Su visión para los negocios inmobiliarios lo llevó a colocar entre sus proyectos a las ruinosas instalaciones del antiguo puerto de Buenos Aires, cuya actividad fue desplazada hacia lo que hoy es Dársena Norte.

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(Buenos Aires, Argentina)

Donald Trump

El empresario intentó aplicar una inversión de US$ 2.000 millones para la urbanización del puerto de Buenos Aires, al estilo de lo que se había producido ya en el puerto de Londres, reconvirtiendo las viejas estructuras en un novedoso hábitat urbano.

Carlos Menem era ya el presidente de la Nación, y estaba en los primeros tramos de su primer mandato constitucional de 6 años y aún estaba lejos el Pacto de Olivos cerrado con Raúl Alfonsín que le permitió un segundo mandato de otros 4 años, ajustados al nuevo formato de la Constitución Nacional reformada en 1994.

La Ciudad de Buenos Aires aún no era autónoma y se la llamada así o simplemente Capital Federal.

El poder político sobre la ciudad era delegado aún por decisión del Poder Ejecutivo Nacional y durante la primera parte de la presidencia de Carlos Menem, el intendente fue el peronista Carlos Grosso, hoy devenido en asesor informal del actual presidente Mauricio Macri.

Donald Trump conoció al empresario argentino Héctor Francisco Domingo Capózzolo, conocido como “Don Paco”, quien falleció el 23 de marzo de 2015, a los 91 años y fue sepultado con la misma discreción con que vivió y construyó su fortuna.

En aquél tiempo, principios de la década del ’90, Don Paco era un hombre de diálogo fluido con Carlos Menem. El nexo de Don Paco con Trump era otro hombre discreto que ocupaba un inmediato segundo plano en la conducción de los negocios del magnate inmobiliario, de nombre Dick y un apellido tan breve como su apodo.

El ánimo con que Carlos Menem recibió el proyecto fue ideal para Don Paco, que tomó las palabras del entonces presidente como una certeza de concreción del proyecto.

El error de Don Paco fue ufanarse de la magnitud del emprendimiento. Un joven periodista especializado en periodismo de negocios recibió los detalles en una oficina del piso 16 en la torre de la Galería Jardín, con entrada por calle Tucumán 524.

Otra joven periodista en sus primeras armas, intentó desarticular la información, desconociendo y descalificando las fuentes. Afirmó, tomando partido frontal contra el proyecto que Donald Trump no tenía negocios en Argentina, lo que, objetivamente era real.

Esa periodista informó que había realizado un llamado a las oficinas de Donald Trump y que le respondieron desconociendo la iniciativa sobre el desarrollo de un proyecto de Real State en el antiguo puerto de Buenos Aires.

Dos días después, un diario especializado en economía y finanzas recibía un telegrama, a la antigua usanza, diciendo, con firma de Donald Trump que efectivamente Don Paco era su operador y que el vice presidente de su holding era quien tenía contacto con el empresario argentino.

Carlos Grosso intervino en defensa de los intereses de la Ciudad y para no perder protagonismo, ni capacidad de incidir en el futuro desarrollo, propuso a Carlos Menem la creación de la Corporación Antiguo Puerto Madero, que finalmente se creó con la integración societaria de la Capital Federal y del Estado Nacional, como un organismo cuya autonomía aún genera conflictos jurisdiccionales, en la administración del juego como en la administración de la seguridad.

El protagonismo inversor de los capitales argentinos fue el motor de la creación del barrio más joven de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que cotiza el metro cuadrado de viviendas y oficinas más caros del país, y quizá de Latinoamérica.

Donald Trump no volvió a mirar a la Argentina. Hoy es uno de los posibles aspirantes a la presidencia de Estados Unidos.

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