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Viernes, 23 de febrero de 2018 | 8:29 am

Bitcoin, el Banco de México emitiría la criptomoneda

Es importante subrayar que las criptomonedas de bancos centrales serían más parecidas a las carteras virtuales en sustitución del efectivo que a tecnologías de transferencia interbancaria.

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(Buenos aires, Argentina)
Criptomonedas Bitcoin

La fiebre por las criptomonedas y los diferentes usos del blockchain ha llevado a diferentes personas a proponer que se pueda utilizar para el dinero respaldado por un banco central. Por ello, vale la pena preguntarse: ¿sería esto posible? ¿Qué características tendría? ¿Hay algún antecedente en esta dirección?

 

“Bitcoin for cash?”

La obsesión de los emprendedores con las analogías nos ha traído un ejemplo muy interesante: “el Bitcoin para el dinero en efectivo”. Como se definió anteriormente, las aplicaciones del blockchain tienen premisas comunes como: “a) se requiere un libro de registro; b) hay diferentes interesados en ver o modificar dicho registro; c) no hay un tercero de confianza irrebatible; d) los diferentes actores no se conocen; y e) se requiere una verificación pública.”

Interesante es la función de un banco central estaría en conflicto con la tercera característica, ya que los bancos centrales se han constituido en el último siglo como terceros de confianza irrebatible por su misión de gestionar la moneda del Estado, la emisión de dinero y las tasas de interés.

En un modo más atrayente, la blockchain del Bitcoin tiene características como la descentralización, su carácter público y la irreversibilidad, pero no por ello es la única blockchain que podría existir. De hecho, de entre todas las blockchain que proliferan ahora, se distinguen las blockchains públicas de las privadas (en función de la forma de accesibilidad), así como las descentralizadas o “sin permiso” y las autorizadas (en función del mecanismo de transferencia).

Las blockchains autorizadas fueron en parte una respuesta a la complicación exponencial de verificación a través de toda la red —las transacciones de Bitcoin que antes se tardaban menos de un segundo ahora tardan unos 11 minutos— y al concepto de que algunos nodos podrían ser más importantes que otros. Con base en la existencia de blockchainsautorizadas, se puede construir la base de una moneda digital emitida por un banco central.

Hacia 2015, el Banco de Inglaterra publicó sus prioridades de investigación, y llamó la atención: el planteamiento de estudiar las criptomonedas en un caso de emisión y respaldo por un banco central (CBDC o CBCC, por sus siglas en inglés). Al poco tiempo, la institución definió a estas criptomonedas como “un banco central que otorga acceso a su hoja de balance de forma universal, electrónica, las 24 horas del día, los siete días de la semana, en moneda nacional y con capacidad para acarrear interés.”

En términos más sencillos, sería el dinero en base digital de una moneda establecida y regulada por el gobierno. Por tanto, su diferenciación principal de todo lo que hemos escuchado hasta hoy sobre criptomonedas radicaría en que serían emitidas y respaldadas por bancos centrales. Esta discusión —que requiere un análisis complejo e independiente de este texto— puede derivar en una gama de aplicaciones dependiendo de diferentes propiedades, que inclusive podría afectar lo que entendemos por dinero y la relación que tenemos con los bancos comerciales.

Con estos antecedentes, podemos esperar que las criptomonedas emitidas por bancos centrales sean instrumentos digitales de alta seguridad, y que tengan las tres funciones del dinero, medio de pago, unidad de cuenta y almacenamiento de valor. Y como si fueran billetes, cada unidad podría ser foliada para evitar su duplicación.

Los bancos centrales activos en materia de criptomonedas tienen el objetivo de explorar si las transacciones pueden ser más eficientes, estables e inclusive si pueden implementar en mejor forma sus medidas económicas usando esta tecnología para corregir deficiencias del sistema económico actual, principalmente los problemas del efectivo. Ellos ven que no entender y aprovechar las criptomonedas podría mermar su rol central para sus economías.

Por tanto, es importante subrayar que las criptomonedas de bancos centrales serían más parecidas a las carteras virtuales en sustitución del efectivo que a tecnologías de transferencia interbancaria. Más aún, la principal motivación que tienen los bancos centrales para estudiar esta tecnología también pasa por sus implicaciones macroeconómicas, un mayor margen de acción en caso de crisis y los costos para emitir y mantener el efectivo, de ahí la insistencia de que se requiere un análisis independiente de este texto.

Es imperante poner a este asunto como uno de discusión pública. Por un lado, suena muy interesante hacer evolucionar el sistema monetario aprovechando las tecnologías. Por el otro, las capacidades de rastreo, monitorización e irreversibilidad serán controvertidas para diferentes sectores.

Por ejemplo, ¿cómo integrar a los sectores menos bancarizados a este formato? ¿Qué dirán los bancos comerciales que podrían ver desplazado su modelo de negocio? ¿Cómo reaccionarán los usuarios altamente dependientes del efectivo (que muchos de ellos no quieren pagar impuestos)? ¿Cuál será la opinión de personas que no tienen destreza tecnológica? ¿Cómo sería la adopción en un país emergente y de alto uso del efectivo como México? Si alguien puede saber cuánto dinero tenemos, en dónde lo guardamos y en qué lo gastamos, ¿cuál es el límite de lo que el banco central debería saber de nosotros?

Uno de los casos en Latinoamericana es El Banco Central de Ecuador implementó Dinero Electrónico, la primera criptomoneda emitida por un banco central en la historia. Bajo este esquema, inspirado en las carteras digitales, el banco central permite a usuarios tener cuentas de dinero electrónico, que son dadas de alta directamente ante el banco central. La implementación no fue un éxito rotundo, pero se espera que el sistema vaya mejorando.

Con la pertinente aclaración de la ICO venezolana, muy distinta a las CBDCs que estudian los bancos centrales, hay que concluir que la concepción que tenemos de los bancos centrales podría cambiar en muy pocos años. En este proceso de transformación, se distinguirán los bancos centrales pasivos de los proactivos con respecto a esta tecnología.

Sin lugar a duda, la mejor estrategia es que sean proactivos para realizar investigaciones, contribuir al debate, intercambiar información y mejores prácticas, desarrollar modelos, implementar experimentos y comprometerse con la causa. En este campo, tanto como en otros, la transformación tecnológica los amenaza con volverlos irrelevantes.

Curiosamente, existe una responsabilidad simétrica para la población en general y los investigadores de ramas como la economía y la tecnología: la de ahondar en su conocimiento sobre estos temas y llevarlos al debate público. El futuro del sistema financiero y de la relación de las personas con el dinero lo vale.

Fuente:  Forbes, Javier Arreola

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